«Ingredientes: agua, sacarosa, fructosa, almidón, aceites vegetales, ácido pantoténico, acetaldehído, nicotinamida, biotina, ácido fólico, ácido salicílico, purinas, colorantes (E-160 —carotenoides—, E-101 —riboflavina—, E163 —antocianinas—, E172 —óxido de hierro—, E140 —clorofilas—), antioxidantes (E300 —ácido ascórbico—, E307 —alfa-tocoferol—), estabilizantes (E460 —celulosa—, E570 —ácidos grasos—, E509 —cloruro de calcio—, E440 —pectinas—, E422 —glicerina—), conservantes (E-296 —ácido málico—, E-251 —nitrato de sodio—, E-252 —nitrato de potasio—), manganeso, cobre, zinc, fósforo.»
Esta etiqueta pertenece a un alimento que todos alguna vez en nuestra vida hemos tenido en nuestra cocina y hemos comido, seguramente, más de una vez. Todos los aditivos marcados con asterisco están, bien calificados como «sospechosos» según la página web e-aditivos.com, bien forman parte de medicamentos y su consumo debe realizarse bajo control médico, como el ácido salicílico —componente principal en el proceso de síntesis de las aspirinas—, o bien son compuestos directamente tóxicos, como el acetaldehído, que es 20 veces más peligroso que el alcohol etílico.
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