1ª Parte – La homosexualidad no es un trastorno

            Seguramente has escuchado a algún conocido decir alguna vez que una sustancia
sin principio activo funciona gracias a la mágica propiedad de 
memoria que
posee el agua; que la acupuntura o el reiki poseen el potencial de equilibrar
los chakras de tu cuerpo o que cualquier cáncer puede ser curado empleando una
planta milagrosa. Hay quienes incluso creen que el simple masaje de las
extremidades, la nariz o las orejas alivia enfermedades cuya etiología es
completamente ajena a la estimulación de dichas partes del cuerpo. El mundo de
las 
pseudoterapias recoge un amplio y ridículo abanico de
irracionales e injustificados 
procedimientos sin aval científico de
eficacia que, aprovechándose de la desesperación o ingenuidad de quienes
quieren creer en ellas, se propaga y establece con fuerza en la sociedad.


           
Sin embargo, en su ilimitada mediocridad racional y ética, los promotores de
estos disparates no se conforman con vaticinar la sanación sobrenatural de
enfermedades bien conocidas. Ahora hay quienes, cegados por sus infundadas
creencias, fantasean nuevas patologías no oficialmente reconocidas para luego
proponer otro descabezado método de curación o prevención. En esta última
categoría radica, por ejemplo, la hipersensibilidad electromagnética.
La poca gente que manifiesta padecer este supuesto trastorno presenta una
compleja sintomatología que bien podría encajar en un cuadro
psicosomático
, pero prefiere ignorar o subestimar esta información
reafirmándose en su credo particular: 
las radiaciones electromagnéticas perjudican
gravemente la salud
.

           
Tan convencidos están de ello que emplean absurdas medidas preventivas para
evitar los síntomas, tales como desenchufar todo aparato eléctrico del hogar,
rehusar de todo objeto que incorpore material metálico o sintético y cubrirse
el cuerpo con una capa de papel de aluminio o una cota de malla de plata. Aquí, el efecto
nocebo 
[1] se manifiesta de
igual manera que en su homóloga química, que en este caso es
atribuida a la exposición del organismo a bajas dosis de sustancias químicas
artificiales.


           
Pero en esta ocasión no escribo para refutar la eficacia de estas prácticas ni
para demostrar la inexistencia de dichas patologías. De hecho, éstas han sido
concienzudamente desmentidas en este mismo blog, como la medicina homeopática (que es un oxímoron).
           
Voy a concentrarme, pues, en analizar otro inexistente trastorno del que ya se ha hablado en este blog (aunque superficialmente) y para el que
también se ofrece una curación innecesaria.
La homosexualidad
            No son pocas las sociedades [2], generalmente con tendencias
religiosas, que recomiendan un tipo de terapia enfocada a modificar la
inclinación sexual de aquellas personas a las que consideran desviados sexuales.
En principio, esta empresa constituiría una iniciativa tolerable si habláramos
de terapias para tratar trastornos parafílicos como el exhibicionismo, el
frotteurismo 
[3], el sadismo sexual o la pedofilia. Pero, desgraciadamente, el
comportamiento que estas organizaciones consideran desviado y que debe ser
tratado es el acto homosexual, una conducta que, a diferencia de las
manifestadas anteriormente, no es reconocida por el DSM-V ni
por la CIE-10, los principales manuales de clasificación de
trastornos mentales y enfermedades de referencia.


           
Aun así, la actitud de las comunidades religiosas permanece inmutable e
incluso se radicaliza. Por ejemplo, en algunos documentos eclesiásticos se
suele reemplazar el término “atracción sexual hacia el mismo sexo” por el
acrónimo AMS en lo que constituye un lamentable intento de
identificar la homosexualidad como un desorden.
¿Es una enfermedad
o un trastorno mental?


            Generalmente, una enfermedad constituye algún tipo de alteración fisiológica
que se traduce en síntomas o signos.
 No obstante, ningún tipo de orientación sexual es intrínsecamente
atribuida a una alteración que preceda a síntomas o signos que impidan alcanzar
un estado de completo bienestar físico, mental y social.

            Por
otra parte, los trastornos mentales implican alteraciones comportamentales que
subyacen a aspectos afectivos y cognitivos y son acompañados de una
discapacidad o malestar asociados. Sin embargo, tampoco existe evidencia alguna
de que desarrollar una vida en consonancia con una determinada orientación
sexual represente una limitación para el progreso afectivo o cognitivo ni
resulte ser una causa de malestar psicológico.

            De
hecho, la Organización Mundial de la Salud considera que el verdadero
trastorno mental consiste en no aceptar la orientación sexual de uno mismo
 (orientación
sexual egodistónica).

Entonces, ¿tampoco es un trastorno mental?


La Asociación Americana de Psicología lo deja bien
claro
:


            No.
Los psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental concuerdan
en que la homosexualidad no es una enfermedad, un trastorno mental ni
un problema emocional
. Más de 35 años de investigación científica objetiva
y bien diseñada han demostrado que la homosexualidad, en sí misma, no se asocia
con trastornos mentales ni problemas emocionales o sociales. Se creía que la homosexualidad
era una enfermedad mental porque los profesionales de la salud mental y la
sociedad tenían información tendenciosa.
            En el
pasado, los estudios sobre personas gay, lesbianas y bisexuales incluían sólo
aquellos bajo terapia, creando así una tendencia en las conclusiones
resultantes. Cuando los investigadores examinaron los datos sobre dichas
personas que no estaban bajo terapia, se descubrió rápidamente que la idea de
que la homosexualidad era una enfermedad mental no era cierta.

            En la
actualidad, ninguna institución científica, médica o psicológica seria y
académicamente reconocida razona que la homosexualidad deba considerarse una
enfermedad o un trastorno mental. Por el contrario, son solo ciertos grupos con
ideologías religiosas las que muestran una opinión que difiere del consenso
científico.

           Como todos sabemos, los cristianos profesan una particular concepción moral que
les lleva a considerar la homosexualidad como una condición poco menos que
depravada. Sin ir más lejos, el Catecismo de la Iglesia Católica recoge
entre sus líneas que:
 2357 Los
actos homosexuales son intrínsecamente desordenados; son contrarios
a la ley natural, cierran el acto sexual al don de la vida y no proceden de una
complementariedad afectiva y sexual verdadera, por lo que no pueden recibir
aprobación en ningún caso.

            Y…
¿es esto cierto?
 Vayamos por partes:

1. Los actos
homosexuales son intrínsecamente desordenados
. Para empezar, ¿qué es un desorden? Un desorden
es un trastorno mental por lo que, remitiéndonos a lo dilucidado anteriormente,
confirmamos que esta afirmación es falsa. Ningún estudio serio reporta que la
homosexualidad conduzca a un estado de malestar psicológico o conflicto
afectivo por sí misma. Si bien es cierto que se ha encontrado un mayor
porcentaje de morbilidad psiquiátrica en homosexuales (Cochran, 2003Meyer, 2003), son las circunstancias
marginales
 desencadenadas por los prejuicios, la
discriminación y la estigmatización
 las que se erigen como su causa (McCabe, 2010Bostwick, 2014). De hecho,
estas mismas causas y otras, como la falta de apoyo y la presión social, son
las responsables de que muchos chicos sean
reticentes a mostrar su verdadera identidad sexual. 


            La Asociación Americana
de Psicología vuelve, por si fuera necesario, a sacarnos de dudas: “Al
igual que la mayoría de los jóvenes heterosexuales, la mayoría de las personas
jóvenes lesbianas, gais y bisexuales son personas saludables que
tienen vínculos significativos con sus familias, padres, escuelas e
instituciones religiosas y hacen contribuciones a las mismas.”

2. Son contrarios a la ley natural. Este concepto alude a la concepción
de que todo ser humano lleva en su naturaleza una única noción de lo que está
bien y mal. La doctrina cristiana sostiene que la
moralidad
 procede de Dios, es universal e innata y se
encuentra escrita en la biblia. Y todos conocemos lo que la biblia refiere
respecto a la consideración que merece el acto homosexual: 
(…) de igual modo los hombres,
abandonando las relaciones naturales con la mujer, se abrasaron en sus deseos,
unos de otros, cometiendo la infamia de las relaciones de
hombres con hombres
.[4]

            No obstante, hoy día
conocemos que la moralidad no es estática ni universal sino
que evoluciona con el tiempo y se manifiesta de distinta forma en las
diferentes culturas del mundo. Es decir, un acto que es considerado moralmente
reprobable en nuestro contexto cultural puede ser recibido con indiferencia o
incluso con sentimiento de justicia en otro lugar. Pero este es un tema un
tanto extenso que me gustaría tratar en otro momento.

            Volviendo al concepto de ley
natural, cabe mencionar que tan solo puede discurrir en un contexto religioso,
por lo que no tiene mucho sentido rebatirlo desde un punto de vista racional o
científico.

            Sin embargo, si por natural
entendemos “perteneciente o relativo a la naturaleza”,
comprobamos que no tiene sentido catalogar el acto homosexual como una
actividad contraria a ella puesto que esta ha sido observada en más de 1.500 especies, según el Museo de Historia Natural
de la Universidad de Oslo.

3. No proceden de una complementariedad afectiva y
sexual verdadera
. No es cierto; un homosexual puede establecer una vida de plenitud
afectiva y sexual con su pareja e incluso ser buenos padres, como veremos más adelante. 

            Hasta
aquí la primera parte, en la que hemos justificado por qué no existe motivo,
más allá de un punto de vista religioso, para reconocer en la homosexualidad
algún tipo de patología intrínseca. En la segunda extrapolaremos las
consecuencias de esta orientación sexual a terceras personas, analizando las
repercusiones que implica para el desarrollo del niño crecer en un contexto
homoparental.
[1]  Aparición o empeoramiento de una sintomatología por la expectativa,
consciente o no, de los efectos negativos que se tienen sobre algo.

[2]
 NARTHHomosexuality & HopeCourageRC.netChristian
anthropology and homosexuality


[3]
Excitación sexual intensa y recurrente derivada de los tocamientos o
fricción contra una persona sin su consentimiento.

[4]
(Romanos 1:27); La Sagrada Biblia de la CEE.
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