Estos días he tenido bastantes conversaciones y discusiones sobre el tema de la lejía mágica. Me gustaría contaros mis conclusiones. .

En todas esas conversaciones, mi argumento siempre ha ido por el mismo lado: no puedes saber si una sustancia es eficaz si no dispones de pruebas que verifiquen esa eficacia. Basándome en esa premisa principal, lo que he pedido en todo momento son esas pruebas, en forma de ensayo clínico.

Los ensayos clínicos son un tipo muy particular de estudio científico que tiene ciertos requisitos para ser considerado como tal. Los ensayos clínicos se distribuyen en tres fases.

En la fase I, el ensayo se realiza sobre una población relativamente baja de personas sanas con un perfil homogéneo, normalmente no son más de 100 personas, y suelen emplearse hombres, adultos, jóvenes y sanos. Para realizar esta primera fase de ensayo es necesario primero superar unas fases preclínicas en cultivos celulares y modelos animales, y sirve para evaluar la toxicidad del producto, para poder estimar el rango seguro de la dosis a emplear.

En la fase II, el volumen de la muestra aumenta, siendo entre 100 y 200 personas. En este caso, se emplean personas que padecen la enfermedad a tratar, aunque han de ser muestras homogéneas. La muestra se divide en dos grupos de igual tamaño; uno recibe el tratamiento experimental, mientras que el otro, llamado control, recibe el mejor tratamiento disponible hasta el momento. Cuando no hay tratamiento, se emplea un placebo, de modo que no se pueda confundir el efecto del tratamiento con el efecto placebo. Es importante que los pacientes no sepan lo que están recibiendo, y que los científicos no sepan lo que administran a cada paciente, para que no haya sesgos posibles. A esto se le llama doble ciego.

La fase III es la última fase experimental; en este caso, se toman grupos de cientos o incluso miles de pacientes con muchas condiciones distintas; ahí se buscan efectos secundarios minoritarios, así como confirmar que los resultados de la fase II puede generalizarse a grandes volúmenes muestrales. Esta fase es la que nos permite, finalmente, afirmar si algo es o no eficaz, y por tanto, superada esta fase, el producto puede ser autorizado y administrado.

Hay una fase IV, también llamada de farmacovigilancia, que es la que se realiza mediante el seguimiento de eficacia del fármaco administrado a los pacientes en la sociedad. En esta fase se suelen encontrar reacciones adversas muy raras, así como posibles interacciones no descritas, o nuevas potenciales funcionalidades del fármaco que permitan reiniciar los ensayos clínicos con el mismo fármaco aplicado a otras patologías.

Evidentemente, cuando queremos afirmar que un producto es eficaz para curar algo, es necesario que haya ensayos clínicos de fase III, o al menos, de fase II —ésta no nos permite una afirmación suficientemente contundente, pero sí una valoración preliminar de estilo “podría ser eficaz”. Así que, es evidente, para poder asumir que  alguien que afirma que el MMS (o como quieran llamarlo, últimamente lo llaman muy incorrectamente CDS, siglas de “dióxido de cloro”), es eficaz, serán necesarios este tipo de ensayos clínicos de tipo II o III.

Al pedir los ensayos clínicos a quienes afirman la eficacia del MMS, sin embargo, lo que me he encontrado no son artículos científicos, sino varios tipos de respuestas.

[…]

  1. «No existen ensayos clínicos».

La respuesta de la honestidad. Esta es la respuesta más benigna de todas. Reconocer que no existen ensayos clínicos nos permite descartar directamente las afirmaciones sobre su eficacia. Lo que se afirma sin pruebas puede rechazarse sin pruebas, y esto se hace especialmente importante cuando hablamos de salud. Si no tenemos pruebas que verifiquen la eficacia de esta lejía en el tratamiento de nada, entonces no podemos afirmar que sea eficaz. No hay más vuelta de hoja.

  1. «Se hicieron ensayos clínicos, y se eliminaron».

La respuesta de la conspiranoia. Según esta respuesta, los ensayos clínicos se hicieron —en África, concretamente—, pero cuando se publicaron, resulta que se eliminó toda la información, se amenazaron a los firmantes y ya no queda rastro de esos estudios.

Esto genera varios problemas. Y el principal de ellos es el cómo funciona la publicación de artículos científicos. Cuando un artículo científico es publicado, no importa cuánto quieras hacer por eliminarlo. Publicado queda, y pase lo que pase, publicado seguirá. Se puede retractar el artículo —y cuando lo busques, aparecerá como “retracted”, como le pasa por ejemplo a este artículo. Pero como podéis ver, el artículo sigue ahí y sigue pudiéndose leer.

Pero aunque eso de eliminar un artículo fuese posible, incluso con eso, si el artículo ha sido real en algún momento, quien disponga de esa información podrá aportar la revista científica, el año y número, las páginas y los autores. No sería por tanto, dificil ir al archivo de esa revista científica y revisar el número publicado. Si realmente el artículo existió y fue misteriosa y mágicamente eliminado, en la revista encontraríamos un “gap”, un “agujero” de varias páginas inexistentes. No podríamos verificar si ese artículo verificaba lo que dicen que debería verificar, pero al menos podríamos ver que ahí había un artículo científico desaparecido. Y si nos vamos a una hemeroteca científica como las que hay en muchas universidades, podríamos buscar ese número en papel y revisar ese artículo “eliminado”. No puedes eliminar algo que está impreso en papel, de una revista ya encuadernada.

Así que a los que me han dado esta respuesta, me he limitado a pedirles revista, año y autores. Obviamente no me los han dado —porque no existen—, y la excusa única que he obtenido es que el ensayo “nunca llegó a publicarse”. De modo que estamos, una vez más, en el caso 1.

  1. «Mira en la web de Andreas Kalcker»

La respuesta sectaria. ¿Qué? ¿Que por qué es la sectaria? Porque es la respuesta que apela al lider, como si él tuviera la razón absoluta. Ignorando el hecho de que en la web de Andreas Kalcher no hay ni un solo ensayo clínico de fase II ni III que demuestre la eficacia del producto. Ignorando el hecho de que, cuando buscas a Andreas Kalcker en un motor de búsqueda de artículos científicos, solo pone “No results found”.

Por otro lado, y aparte del carácter sectario de esta respuesta, ésta genera un intento de inversión de la carga de prueba. Es un “yo no tengo que darte pruebas a ti, busca las pruebas tú”. Obviamente, eso no tiene mucho sentido.

Estas vienen siendo los tres tipos de respuesta que he detectado. ¿Sabéis la que nunca me han proporcionado?

«Toma, los ensayos clínicos». Esa no.

Apóyame en Patreon
Sobre Mi

Hola, soy Álvaro Bayón

Para cualquier consulta personal, puedes emplear el siguiente formulario de contacto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *