Si nos sobra agua aquí, ¿por qué no llevarlo allá?
Si lo que hemos visto hasta ahora son las consecuencias de reducir el envío, ahora toca hablar de lo que pasa cuando decidimos cambiar la dirección de entrega. Cuando, en lugar de dejar que el paquete llegue al destinatario original, el mar, lo interceptamos en la oficina de correos y lo mandamos a otra dirección. Eso es, en esencia, un trasvase: tomar agua de una cuenca hidrográfica y llevarla a otra, porque alguien ha decidido que en la primera sobra y en la segunda falta.
Y claro. El problema es que el paquete no viaja solo, y la nueva dirección de entrega, a menudo, no está preparada para recibirlo.
El trasvase Tajo-Segura, inaugurado en 1979, es un ejemplo. La idea era sencilla: el Tajo, decían, tiene agua de sobra que se tira al Atlántico. El Segura, en cambio, sufre sequías crónicas. Solución: un canal de 292 kilómetros que transfiera el excedente de agua de un río a otro.
El fallo de base es el mismo que ya hemos desmontado: el Tajo nunca tuvo excedente. Tenía un caudal ecológico que mantenía vivo un ecosistema complejo, y que ahora está reducido a mínimos históricos. En el año 2022, el Tajo llegó al mar durante exactamente cero días. Un río que durante milenios ha desembocado en el Atlántico se ha quedado a kilómetros de la costa, convertido en una sucesión de charcos estancados antes de llegar a Lisboa. La intrusión salina ha avanzado decenas de kilómetros tierra adentro en el estuario portugués, los sedimentos no llegan al delta, y los nutrientes han perdido su flujo hasta el mar. Y en España, las comunidades autónomas de la cuenca han pasado de gestionar un río a gestionar un conflicto permanente con las receptoras del agua.
Pero el daño no se queda en el origen. El Segura recibe un paquete que no pidió, con contenidos que no esperaba. El agua del Tajo es más fría, más rica en nutrientes, y claro, también es más cantidad de agua.
El primer efecto, el más inmediato, es consecuencia de ese aporte extra. La vegetación de ribera, que es la encargada de sostener el sustrato contra la erosión, no está preparada para soportar el mayor caudal de forma sostenida, y aumentará la erosión del cauce y sus riberas. Ese aporte extra de sedimentos y nutrientes arrancados al suelo se depositan en la desembocadura, desestabilizando los ecosistemas del litoral, en este caso, por exceso. Estos desequilibrios pueden llevar incluso a la extinción de especies, tal y como se está observando con la vaquita marina en el golfo de California, cuyo declive está provocado, en parte, por el impacto en el ecosistema de los trasvases del río Colorado.
Hay un impacto más, que no se suele tener en cuenta. El efecto barrera. Todo cauce de agua es a la vez un corredor y una barrera; un corredor que transporta agua y sustancias de arriba abajo, y una barrera que impide que los organismos de una orilla crucen a la otra. Y cuando construyes una infraestructura de la magnitud de un trasvase entre cuencas estás creando una nueva barrera donde antes no existía. Sobre todo si el trasvase se hace mediante un canal artificial al nivel del suelo. Muchos animales se ven incapaces de cruzarlo, y también las plantas cuyos frutos, semillas o polen son transportados por esos animales quedan limitadas para su expansión y desarrollo. Pero además, la canalización de grandes volúmenes de agua en movimiento producen, a su vez, vientos transversales. Esta alteración en el movimiento natural de los vientos impide también el paso de frutos, semillas y polen que sean movidas por el viento.
Y luego está el mar. O mejor dicho, los mares. Porque el agua que se trasvasa del Tajo al Segura no llega al Atlántico —ya lo hemos visto—, pero tampoco llega al Mediterráneo de forma natural. La desembocadura del Segura recibe más agua y con diferente composición química. La haloclina también se altera, y el problema se extiende al litoral. Hemos roto el ciclo en ambos extremos: en el origen, porque hemos quitado agua que necesitaba llegar al Atlántico, y en el destino, porque hemos introducido agua que no correspondía al Mediterráneo.
Esperad, que el fontanero me dice que tengo un mejillón atascando la tubería…









