Y llegan las especies invasoras
Claro. No sería yo mismo si no metiese las especies invasoras por algún lado, ¿no?
Cuando dos cuencas están aisladas por barreras naturales, como puede ser una cadena montañosa, la fauna que habita en una de las cuencas normalmente no puede pasar a otra. Sin embargo, en el momento en que haces un trasvase estás facilitando que la fauna de ambas cuencas entren en contacto.
¿Sabéis lo que sucedió hace unos pocos millones de años en América? Lo que antes eran dos continentes separados por un océano, en un momento dado toman contacto a través del recién formado istmo de Panamá. La fauna de Sudamérica, que llevaba decenas de millones de años aislada y evolucionando por su propio camino, tomó contacto con la fauna de Norteamérica, y sucedió un evento que es conocido como el gran intercambio faunístico americano. Evento que causó la extinción de mucha fauna —especialmente en el continente sudamericano—.
Cada vez que hacemos un trasvase de agua entre cuencas estamos haciendo lo mismo, aunque a una escala mucho más pequeña y, también, más rápida.
Cada vez que hacemos un trasvase de agua entre cuencas estamos haciendo lo mismo, aunque a una escala mucho más pequeña y, también, más rápida. Y en España ya tenemos casos de manual. El mejillón cebra (Dreissena polymorpha), originario de la cuenca del Mar Negro y del Caspio, llegó a través de canales de navegación europeos, pero una vez aquí ha utilizado los trasvases como autovías para colonizar nuevas cuencas, y se trata de una de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo.
Es un pequeño bivalvo capaz de reproducirse a velocidades de vértigo y de adherirse a cualquier superficie dura. Las tuberías de los trasvases, los canales, las infraestructuras de riego: todo se convierte en suelo fértil para sus colonias. El resultado es un desastre económico y ecológico. Las colonias de mejillón cebra tapan tuberías, obstruyen tomas de agua, destruyen turbinas hidroeléctricas, aumentan los costes de mantenimiento de las infraestructuras hidráulicas y desplazan a las especies autóctonas. Entró en España en el Ebro, expandiéndose rápido por las cuencas del Júcar y del Segura, todos mares con vertiente mediterránea. En el Tajo, su presencia ha alterado drásticamente los ecosistemas bentónicos, esos mundos pequeños que viven en el fondo de los ríos. Y al parecer, llegaron al Tajo desde el Segura.
Pero no solo viajan animales —mejillones, cangrejos, almejas, peces, etcétera—. También llegan algas, bacterias, virus, protozoos. El trasvase no discrimina: si cabe por la tubería, pasa. Y si en la cuenca de origen hay una plaga, una floración algal tóxica, un patógeno emergente, el trasvase se convierte en el mensajero perfecto. Es como abrir una línea aérea directa entre dos ciudades y sorprenderse de que los virus viajen en turista.
Y aquí entra el elemento que suele omitirse en los informes técnicos: el coste. Y sin que sirva de precedente, no me estoy refiriendo al innegable coste ambiental, que es enorme e incalculable; me refiero al contante y sonante, al coste en euros, en facturas, en dinero de todos que alguien, en algún momento, tendrá que pagar. Las empresas gestoras de agua ya incluyen partidas específicas para limpieza de tomas, tratamientos químicos y revisiones de tuberías en contra del mejillón cebra.
Pero hay algo más sutil, más difícil de cuantificar pero igual de grave: la homogeneización. Cuando conectas dos cuencas, no solo trasladas especies; trasladas presiones evolutivas, competencias, enfermedades. Los ecosistemas fluviales españoles, aislados durante milenios por nuestra compleja geografía montañosa, desarrollaron comunidades únicas, endemismos, adaptaciones locales. El Tajo no era el Segura, ni debía serlo. Al conectarlos, estamos creando un solo río largo y artificial, una especie de supercuenca donde las especies más agresivas, las más generalistas, las más resistentes, acaban ganando. Y las especies locales, las que habían encontrado su nicho, su equilibrio, su manera de vivir en ese río concreto, pierden.
El gran intercambio americano duró millones de años y causó extinciones masivas. Nuestros trasvases son un intercambio exprés, en tiempo real, sin periodos de adaptación. Y mientras tanto, seguimos construyendo nuevos istmos de Panamá hidráulicos, porque alguien ha decidido que el agua de aquí sobra y la de allí falta, y porque prometer ríos nuevos gana más votos que explicar ciclos biogeográficos.
Y ahora disculpadme, que mi fontanero acaba de llamar. Dice que ha encontrado el mejillón, pero que no me preocupe, que tiene una solución: va a instalar un trasvase desde la cocina al baño para traer más agua y ahogarlo.







