Hola a todos. Antes de nada, os comento el resultado de la encuesta. Hubo 15 votantes. Los 15 se decantaron por la evolución. Si fueramos sensacionalistas, con este dato diríamos que el 100% de la gente es partidaria de que existe evolución. Sin embargo, afirmar eso es incorrecto. El estudio está muy sesgado (los creacionistas no vienen a visitar este blog) y por otro lado, la población muestral es demasiado pequeña para realizar una extrapolación.
De todos modos, sí que puede ser un buen resultado para conocer qué tipo de gente visita mi blog.
Cuando se me ocurra otra encuesta, la colgaré.
–POST-EDICIÓN– He generado una nueva encuesta, atendiendo a la nueva ley antitabaco… podéis contestar. Agradecería que lo hiciérais, de hecho. Cerraré la encuesta el 28 de Febrero a las 23:59. Venga, tíos. Votad.
Ahora, el artículo de hoy. Ya hice en otras ocasiones (1 2) una entrada acerca de esta pareja de libros, pero hoy haré la cita sobre el primero de ellos: Las Hormigas, de Bernard Werber. El texto es original de ese libro y no os preocupeis, porque no se refleja nada sobre la trama ni el argumento del libro.
Sufrimiento. ¿Son capaces de sufrir las hormigas? A priori, no. No tienen un sistema nervioso adaptado a este uso. Y si no hay nervio, no hay mensaje de dolor. Eso podría explicar que fragmentos de hormigas sigan «viviendo» a veces mucho tiempo independientemente del resto del tiempo.
La ausencia de dolor hace que se plantee un nuevo mundo de ciencia ficción. Sin «dolor» no hay miedo, quizá ni siquiera conciencia de si. Durante mucho tiempo los entomólogos se han inclinado por esa teoría: las hormigas no sufren, y de ahí parte de la cohesión de su sociedad. Esto lo explica todo y no explica nada. Y esta idea tiene una ventaja: nos evita el escrúpulo de matarlas.
A mi un animal que no siente dolor… me daría mucho miedo
Pero esa idea es falsa [veamos, la teoría no es falsa en si misma, ya que se refiere al dolor según lo conocemos nosotros. Las hormigas no tienen eso, pero tienen otra cosa…]. Ya que la hormiga decapitada emite un olor particular. El olor del dolor. Así pues, algo ocurre. La hormiga no tiene un flujo nervioso eléctrico [… adaptado al dolor], pero tiene un flujo químico. Sabe cuándo le falta un trozo de su cuerpo, y sufre. Sufre a su manera, que es seguramente muy diferente a la nuestra. Pero sufre.
Nótese que la segunda teoría no reemplaza a la primera sino que la complementa y amplía. La primera teoría afirma que no tienen un dolor basado en la neuroquímica como el nuestro. La segunda, complementa diciendo que eso es cierto, y que para compensarlo presentan un dolor basado en las feromonas.
Es una mera puntualización, ya que el cómo está escrito parece hacer pensar que la teoría inicial era incorrecta. No. Lo que era, es incompleta.
–Post-edición: Links actualizados–









