Esta será la cuarta parte de una serie de artículos breves sobre el tema, que estará dividida en 6 partes:
- La gran nube infernal: el coste ambiental injustificado
- El ‘pecado original’: la piratería corporativa disfrazada de innovación
- La falacia de lo fiable: alucinaciones, sesgos y la muerte del hecho
- El efecto escaparate: si tu artículo está ilustrado por IAG, no me fío
- La promesa vacía: no lo llames ‘productividad’, llámalo ‘liquidación’
- La gran mierdificación: envenenando internet y nuestro cerebro
⚠️ADVERTENCIA: Este artículo contiene imágenes generadas por inteligencia artificial. Han sido generadas por terceras personas, y su exhibición se realiza en tono crítico y como muestra y refuerzo argumental. Se han aprovechado recursos preexistentes, y no se ha empleado la IAG para la realización de este artículo. Más información.
El efecto escaparate: si tu artículo está ilustrado por IAG, no me fío
Tú estás muy ilusionade con tu trabajo. Has hecho un artículo espectacular sobre, yo qué sé, Inostracevia, un depredador descomunal que habitó el Pérmico, hace 250 millones de años… un momento de la historia de la vida anterior a los primeros mamíferos, y también de antes de la existencia de los dinosaurios. Estás tan contente con el texto que decides ilustrarlo con una imagen generada por inteligencia artificial y… plantas esto.

Tremendo desastre.
No es el único. Ni tan siquiera el más grave. Mosquitos con nueve patas, tiranosaurios cuadrúpedos, rapaces quiméricas, mezcla de buitre y águila con patas de guacamayo… he visto de todo.
Si un medio de comunicación emplea una imagen generada por IA, es lógico preguntarse: ¿y el texto? Es cierto que las IAG de texto tienen ciertos patrones predecibles, pero no existe el diagnóstico perfecto. Un texto escrito con IAG puede parecer humano, y muchos textos humanos tienen patrones de haber sido generados por IAG. Esta práctica imposibilidad de distinguir el contenido humano del automatizado, sumado a la presencia de una imagen de cabecera generada con MidJourney, genera una desconfianza generalizada hacia todo el contenido publicado, socavando la relación fundamental entre el medio y su audiencia.
Yo no puedo fiarme de ese contenido. No sé si lo ha escrito una persona o un robot. No sé si es un producto genuino o un vulgar engaño alucinatorio de un algoritmo. Y como no lo sé, no me fío.
A estas alturas de la película, imaginaos cómo me debo de sentir al ver que, en ciertos medios de comunicación, algunos artículos escritos por mi han sido ilustrados, por decisión editorial, empleando imágenes generadas por IAG. Obviamente, esto sucedió sin mi consentimiento —legalmente no lo necesitan, pues ellos tienen el derecho de explotación del texto—. De hecho, tened claro que si alguna vez alguien me pide permiso para ilustrar un artículo mio empleando una imagen de MidJourney, mi respuesta siempre será negativa. Por lo tanto, cualquier artículo de mi autoría que veáis ilustrado con ese tipo de aberraciones, tened seguro que se ha hecho sin tener en cuenta mi consentimiento como autor.


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